Nos despertamos temprano, fuimos hasta Verbier a buscar a Morgan y comenzamos nuestro viaje con destino Europa Park, con escalas en el medio.
Europa Park es un parque de diversiones que está en Alemania, pero muy cerca de Suiza y Francia también. Su mascota es un ratón (ejem!!) y está ambientado en diferentes sectores representando distintos países de Europa, en cada lugar podes ver la vestimenta de cada cultura, comer comidas típicas, escuchar la música, etc... pero la verdadera razón por la cual la gente va a Europa park es muy sencilla: montañas rusas. Y esa era la razón por la cual estábamos yendo nosotros (o al menos esa era la razón por la cual Jenny me estaba llevando).
| en el camino, todo parece un fondo de escritorio de windows |
Pero Europa Park llegaría recién al día siguiente (o mejor dicho, nosotros llegaríamos a Europa Park). Antes de eso pasamos a buscar a Simon, por Friburgo y todos juntos fuimos a Bern, que tiene un oso en su bandera y tiene osos en la entrada de la ciudad vieja, pero no estaban porque se habían ido de vacaciones (todavía no sé si esto es cierto o me estaban gastando mis compañeros de viaje, pero la cosa es que los osos no estaban, y la chica de giftshop nos dijo que los traen de nuevo recién en septiembre).
La ciudad vieja de Bern es muy hermosa, llena de negocios lindos y barcitos. Bern es la capital de Suiza, aunque todos crean que es Zurich, y por eso en Bern está la casa de gobierno que es un edificio muy grande y viejo, como en casi todos lados.
| eso, la casa de gobierno |
Paramos a comer röstie en un restaurant especializado en la cuestión, que tiene una carta exclusiva de rösties, todos pedimos "western style" que viene con panceta y huevo frito. Suiza es muy rico.
Buscamos una librería para que yo pudiera añadir a mi colección un principito en alemán, nos costó encontrarlo y cuando yo ya me estaba dando por vencida, con el pretexto de que podía comprarlo en Alemania, encontramos algo mucho mejor, algo increíble, algo imposible: el principito en suizo alemán. Chan!
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| mi nueva figurita dfícil |
Pegamos la vuelta y antes de dejar a Simon en su casa fuimos a la parte vieja de Friburgo (acá todas las ciudad tienen su parte vieja) e hicimos un picnic. Yo me separé del grupo por un rato y me fui a pasear y a sacar fotos y me enamoré de la ciudad, es muy hermosa.
| están jugando kayak polo |
Después de dejar a Simon, seguimos camino hacia nuestro destino final por ese día: Colmar, en Francia. Llegamos de noche y nos costó encontrar el hotel. Cuando por fin dimos con él, a penas nos dijimos hasta mañana. Sola en mi habitación hice grandes esfuerzos para que mi cerebro comprendiera la situación: estaba en Francia, por primera vez en mi vida, y estaba en un hotel, esos con jaboncitos y minibar; todo gracias a la gentileza de mis amigos que están acostumbrados un poco a los lujos, no sólo porque son suizos, sino porque además trabajan en hotelería...
Me desperté al día siguiente y todo seguía ahí, era de verdad. Desayunamos juntos y dimos un paseíto muy breve por el centro de Colmar, me quedé con ganas de más, pero había que seguir, Europa Park estaba esperándonos.
Después de perdernos un rato largo en los suburbios alemanes finalmente el parque apareció frente a nosotros, justo cuando ya pensábamos que nunca íbamos a encontrarlo.
Los que me conocen de chica, saben que nunca me gustaron los parques de este tipo, porque de miedosa no me subía a la mayoría de los juegos; razón por la cual, por ejemplo, nunca fuí al parque de la costa. Un poco por la presión de la invitación, y de haber ido hasta ahí, y otro poco por la sonrisa de Jenny, entusiasmada como una nena, me dejé convencer.
Sufrí muchísimo en la primera, una que ni siquiera era tan grave, pero sobreviví; sufrí mucho más en la segunda, una toda de madera (hermosa), y empecé a sufrir muchísimo más cuando nos subimos a "blue fire" una de las peores, con los ojos cerrados, aterrada, esperaba que el carrito se empiece a mover, a lado mío había una nena chiquita que me hizo sentir bastante tonta por tener tanto miedo y entonces respiré profundo, mientras el recorrido comenzaba, y me dije "y si estuvieras en la alfombra mágica con aladdin???", abrí los ojos y mi sensación cambió completamente, todo era hermoso y lo disfruté hasta el final, mientras en mi cabeza sonaba "un mundo ideal".
| cumplí un sueño de mi infancia subiendo a estas hamacas |
Los chicos no podían creer mi cambio de actitud, y yo tampoco, pero se mantuvo, me animé a todas, incluso a "silver star", que es la más dura y tiene una caída de más de doscientos metros que es una locura.
Además de subirnos, creo, a todas las montañas rusas, también comimos y disfrutamos de otras atracciones menos adrenalínicas, como rafting y tazas que giran; y antes de irnos volvimos a subirnos a las tres que más nos gustaron.
Cansadísimos, cambiamos el plan original que era volver desde ahí hasta Sion, para pasar una noche en Basel; donde como lo de la noche anterior a los chicos no les pareció suficiente, buscaron un hotel cuatro estrellas para dormir. A mi me daban ganas de llorar sólo de pensar en lo que costaba la habitación pero ellos insistieron.
Nos tomamos un rato para ducharnos y después fuimos cenar aun restaurant mejicano, donde seguro jamás trabajó ningún mejicano y nos comimos unas hamburguesas gigantes.
Desde que llegamo miré Basel desde la ventana del auto y me encantó, con sus puentes sobre el río, llena de gente joven y de bicicletas lindas, sus barcitos en la calle, sus panaderías. Cuando los chicos me dijeron que el plan al día siguiente era levantarnos temprano, desayunar e irnos, decidí que me iba a levantar todavía más temprano para ver un poco la ciudad.
A pesar del cansancio logré levantarme y camara en mano me fui a caminar, la ciudad también se estaba despertando y pude ver a la gente yendo a trabajar, a los chicos yendo a la escuela, a los puesteros del mercado ordenando sus productos.
Volví al hotel justo para reunirme con Jenny y Morgan, desayunamos juntos y emprendimos el camino de regreso. Con algo de apuro porque la familia de Jenny nos esperaba para comer Fondue en un lugar especialmente elegido para la ocasión. Después de un poco de carrera por las autopistas suizas, dejamos a Morgan y fuimos a por nuestra fondue.
Nos esperaban la mamá, el papá y el abuelo de Jenny para compartir todos juntos una fondue exclusiva del lugar, con el queso servido dentro de un pan.
Después de un hermoso almuerzo (completamente en francés, con traducciones de Jenny), y un paseíto, volvimos con queso saliendonos por las narices, discutiendo cuál será el rumbo que tomaremos (parece que Barcelona) y estableciendo que por un ratito al menos, vamos a dejar el auto quieto.
Al entrar en mi habitación encontré toda mi ropa usada, limpia y dobladita. Veronique se sentía muy mal y no paraba de disculparse por haberla lavado sin preguntarme, yo estaba feliz.

