domingo, 31 de mayo de 2015

No estar

Nunca estuve en Berlin, fui a Berlin, pero no estuve en Berlin.
Llegué y fui a lo de mi Couch, Martín, un chico eslovaco que vive hace unos meses en la ciudad.
El departamento era hermoso y estaba en una zona alejada del centro.
Martín me sugirió que pasee por el barrio y si no me cansaba demasiado podía llegar hasta algunos lugares mas turísticos; él tenía que trabajar, pero quedamos en encontrarnos mas tarde en una plaza para ir a un par de lugares que él tenía ganas de conocer.
Le hice casi y salí a caminar, su barrio, antiguamente el barrio turco, actualmente uno de los barrios en auge, llenándose lentamente de hipsters, es una mezcla de locales de kebab, de ropa, de artículos de magia y disfraces (?) y de valijas baratas.
Fui hasta el antiguo aeropuerto, una sugerencia de Martín también, y era eso, un antigua aeropuerto. Un espacio gigante de césped y cemento, con muchísimo viento.
Seguí caminando y lo único que podía ver era lo sucia que estaba la ciudad y las antenas de tv digital tan grandes que cubrían por completo algunos balcones.
Encontré un parque, lo recorrí, parecía abandonado. Después de bastante caminar llegué al río y caminando un poco mas a East Si de Galery, "la galería de arte a cielo abierto mas grande del mundo". Es la parte mas larga del muro que sigue todavía en pie y está cubierta de grafitis. Si te pones a pensar en el muro y toda la historia detrás es un lugar con algo de interés, sino es solo una pared con grafitis.



Volví caminando hasta el punto de encuentro que quedamos con Martín y ahí pude ver una callecita con bares y librerías que repuntó mi paseo, iba a buscar el principito en alemán, pero no quería que se me hiciera tarde.
Llegué justo, el lugar era un golfito subterráneo, dentro de un parque. La mala noticia: estaba lleno por el resto del día. Nos quedamos sin plan.
Empezamos a caminar sin rumbo por calles y plazas. Después decidimos que como ya había pagado la tarjeta para viajar todo el día en el transporte urbano, había que usarla al menos dos veces mas para que valiera su costo y nos fuimos a la estación mas cercana y tomamos el primer tren que pasó, nos bajamos en un barrio tranquilo, tomamos una cerveza en el parque y volvimos a tomar otro tren.
con Martin
lo mejor del parque
 

Nota aparte: en Berlin hay bebidas que no tienen nada que ver con nada; una de Lapacho, es asquerosamente dulce, y una que parece que esta re de moda y toman todas las chicas cool, que es de yerba mate (rarisimo todo!!)
Cuando ya se hizo de noche fuimos al otro lugar que quería conocer Martín, un bar en la terraza de un súper mercado. Había que subir por el estacionamiento, todo muy raro, llegamos y el lugar estaba buenísimo pero cerrando, resulta que no es un bar de noche, es más para la tarde.
Con mas planes frustrados lo que hicimos fue comprar otra cerveza y caminar el esto de la noche hasta que nos cansamos y volvimos a dormir.
Al día siguiente desayunamos juntos y yo me trasladé a un hostel en el centro porque esa noche llegaban unos amigos de él y no había lugar para todos.
Yo quería llegar, dejar mis cosas e ir a un walking tour de mañana para después tener tiempo para recorrer por mi cuenta.




Se me hizo tarde y no llegué, así que decidí ir al del mediodía. Para resumir, fue el pero walking tour del mundo y duró infinito, y para peor cuando terminó se largo a llover fuertisimo, así que fui a tomar algo con el guía mientras paraba la lluvia. Cuando finalmente dejó de llover decidí que como siempre al final lo que mas me gusta son los parques, lo mejor era ir al mas grande de Berlin, para encontrar algo que me gustara mas de la ciudad, Kiergarten, allá fui.
Y aunque a los berlineses les gusta decir que es mas grande que el central park, el tamaño no es lo importante, y el kietgarten fue también una decepción. Descuidado y sucio, no me pareció mas que un gran espacio verde, sin mayor planeamiento y por supuesto sin nada de "jardín".
Como ya estaba cansada de tratar de ver algo que me guste y no encontrarlo me fui a la parte más comercial a ver si el consumismo remediaba la situación. Tan mal día tenia, que ni siquiera encontré algo que me guste en forever21.
Frustrada decidí volver al hostel, lo que me tomó como una hora y media porque estaba lejísimos.
Cuando llegué quería irme a dormir y no pensar en nada mas, pero igual salí a caminar un poco mas y buscar donde comer. Me decidí por unos fideos en un lugar de pasta para llevar, los comí ahí, sola mirando la tele del lugar. Volví al hostel y me dormí.
Al día siguiente me levanté temprano para buscar librerías antes de irme, pero todas las que encontré abrían recién luego del mediodía o eran de algun tipo de rubro en particular y no tenían el principito.
Casi lo mejor de berlin: el super desayuno del hostel!
Me volví al hostel, acomodé mis cosas y me fui al aeropuerto.
Le dije chau a Berlin sin comer kebab ni currywurst, sin enamorarme de su multicultural y cosmopolita sociedad, sin andar en bici, sin encontrar un lugar que me guste, sin el principito en alemán.
Fui a Berlin como un puente entre Praga y Londres, fui menos tiempo del necesario para encontrar los rincones encantadores que seguro tiene, fui a Berlin cansada de anda de acá para allá, fui a Berlin porque todos me dijeron que tenia que ir.
Fui a Berlin pero nunca estuve en Berlin, no cuenta.
Quizás haya una próxima vez, quizás si vuelvo entienda la ciudad, con un poco más de tiempo, y sino viviré sin haber estado nunca en Berlin.

Fuera de suiza, por fin!

Mi ultimo y súper extra (fuera de cualquier plan) día en San Gall, lo aproveché para pasear un poco mas por la ciudad e ir hasta un hermoso parque que tiene como una granja zoológico  donde hay muchos animalitos muy lindos.
Todo es posible en San Gal

Techo verde









El patrono
Perdí un bondi pero vi venaditos, así que no estaba tan mal la cosa.
A la noche Jan me acompañó a tomar el nuevo micro, luego de chequear por diversos medios el lugar exacto de donde salía.
Cuando vi aparecer el colectivo amarillo casi lloro de la felicidad.
Después de muchos abrazos y promesas de volver a vernos le dije chau a Jan y empecé feliz mi viaje a Praga.
Dormí tan profundo que sentí que las nueve horas de viaje se pasaron en un minuto.
Lo primero que hice en Praga fue un free walking tour, el mejor hasta ahora, con Jirka, un checo diveridisimo que nos contó mucho sobre la historia de la ciudad, plagada de anécdotas y leyendas.


Jirka
 


En el tour conocí a Chong, una chica china con la decidimos tomar el otro tour del día, hacia el castillo.
Bajo la lluvia recorrimos el castillo de Praga, con Jirka de guía también, que no es lo que uno tiene en mente como castillo habitualmente, sino un conjunto de edificios de diferentes épocas y estilos que conforman el conjunto real mas grande del mundo.
Cuando terminó el tour, Chong y yo nos quedamos paseando un rato mas, después fuimos a merendar, ya no llovía, y después caminamos más y más, y después fuimos a tomar una de las célebres cervezas checas juntas.
Hablamos de miles de cosas, ella vive y estudia en Francia. En el medio de la charla descubrimos que tenemos el mismo lunar en la mano derecha.
Es posible que todos tengamos un clon\hermano\versión china, pero yo encontré a la mía, no se cuántas personas podrán decir lo mismo.

Nos despedimos en la puerta de su hostel, a la mañana siguiente Chong volvía a Francia, se acababan sus vacaciones.
A mi me quedaba un día mas, y me desperté sin apuro, caminé y caminé sin parar por la ciudad, volví al castillo, paseé por los jardines reales y por muchos otros parques, subí al monte ptñetrin y encontré un jardín hermoso que probablemente sea mi lugar preferido en Praga y no aparecía en ninguna guía turística.





Seguí caminando por mas parques hasta que llegué al último puente y cruce el río por ahi y recorrí Vysehrad, con sus hermosas vistas de la ciudad. 

-jodido el parquecito
Volví al centro y me senté a merendar en un café, cuando me volví a parar me dolía tanto el pie izquierdo que me pasé el resto del día rengueando.
Así volví, medio dando saltitos al hostel, donde por la mera intención de no cenar sola me puse a hablar con un chico de Estados Unidos y una chica de Indonesia, fuimos juntos a comer a un local de comida regional. Yo pedí goulash. La comida no era buena y la compañía mas o menos, la chica no paraba de quejarse de todo y el muchacho era el estereotipo de joven yanqui que no se adapta a nada y estaba enojado porque no encontraba lugares para comer burritos en Europa.
Petit en el reloj astronomico
La cena, pues, fue breve, y entre bostezos nos despedimos. Cada uno a su habitación.
Ahí pensé que a lo mejor tenía muy poco tiempo en Berlin, que quizás podría haber estado menos en Praga, pero mi día de caminata y descubrimiento de jardines me había gustado tanto que reafirmé mi decisión, y me dormí, esperando que al día siguiente mi pie dejara de doler.

domingo, 24 de mayo de 2015

the stories you win when you miss the bus

Así que dormida como un tronco viajé la hora y media que me separaba de Zurich, y cuando llegué al aeropuerto ni me pregunté si tenía ganas o no de conocer la ciudad, busqué la estación de tren y compre el primer boleto para San Gall (ó Saint-Gall o Sankt Gallen), una ciudad pequeña que es la capital del cantón que lleva el mismo nombre.
En San Gall me quedaría en la casa de Jan, un conacto que me pasó Marianita, que lo conoció en su viaje por India.
Cuando llegué a la estación Jan estaba ahí y me recibió con un abrazo. 
Así pasé dos dias paseando por la ciudad y viviendo en una casa en la que no terminé de entender cuántas personas (todos muchachos!) viven. Compartí con ellos paseos, comidas, charlas, música, salidas. 
Me divertí mucho y me sentí como rodeada de hermanos mayores que cuidaban de mi y se preocupaban de lo que podía necesitar todo el tiempo.

Lo primero que fui a conocer, por recomendación de Jan, fueron los estanques de Dreilinden. A penas empecé a caminar me enamoré del lugar (sí, ya sé, vengo medio enamoradiza ultimamente...) Las casitas, los jardines, las consideraciones arquitéctonicas y decorativas para con los felinos, el verde, el verde por todos lados. Cuando llegué al lugar, sólo después de caminar unos quince minutos no lo podía creer, era demasiado hermoso para ser real.






Estaba lloviznando y hacia frío, así que sólo había algunos corredores que pasaban por ahí, al margen de eso estaba desierto, yo sola en ese lugar que era como de un sueño. Lo caminé por todos lados, despacio, con música, en silencio, quería que durara para siempre.
Me lo imaginaba en un dia de sol en verano, lleno de picnics y personas en el agua, o en otoño, con las hojas de los árboles cayendo en los estanques... Empezó a llover más fuerte y tuve que volver, si no hubiera sido por el frío, creo que me hubiera quedado horas y horas ahí.




Esa noche fuimos a un bar, donde Leroy era el Dj. Muy divertido. Me había dicho que era un lugar muy relajado, para jugar ping pong, y yo me imaginé algo como el San Bernardo, por eso me sorprendí cuando llegué y vi que había solo una mesa de juego en medio de un gran salón.

Arranca el partido con todos los jugadores que quieran participar, si conseguiste una paleta bien, y sino le das con la mano. Todos se van moviendo al rededor de la mesa, golpeando la pelota sólo una vez cada uno, el que pierde, se retira, y así hasta que quedan dos y se convierte en un partido normal, hasta tres puntos. Cuando terminan, golpean la mesa con las paletas, para que todos sepan que empieza de nuevo.
Así pasamos la noche, entre rondas de ping pong y música electrónica.
Después comimos Kebabs y nos fuimos a dormir.

A día siguiente con Jan y Leroy fuimos a visitar la catedral con su Biblioteca patrimonio de la humanidad, resultó ser que Leroy conocía muy bien el lugar, porque había ido a la escuela ahí. La biblioteca es hermosa, todo es hermoso, peeeeero,no se puede sacar fotos adentro, lo cual me puso un poco triste porque venía fantaseando desde hacía unos días con la foto de Petit en ese lugar.
la calle de los bancos que es toda roja y tiene unas papas voladoras (??)






Esa noche, viernes tranquilo, vimos una peli y nos fuimos a dormir. Jan me recomendó que si quería ver esa Suiza de cuento, esa de rompecabezas, tenía que ir a Appenzell, en tren, a un ratito nomás.
Me desperté y fui para la estación, después el viaje en trén más bonito hasta hora estaba en Appenzell, que sí, es verdad, es como una especie de maqueta de Suiza, pero no me pareció gran cosa, así que fui a la oficina de turismo y pregunté si había algún lugar para ver la ciudad desde arriba. Me mandaron de nuevo a tomar el tren, obviamente, pero yo decidí ir caminando, hasta Sammelplatz. Y no me arrepenti de la decisión, porque lo más lindo fue ir subiendo esas colinas llenas de verde y de flores, cada tanto una casa, cada tanto una vaca, la ciudad allá abajo y enfrente las montañas, del otro lado de las montañas Liechtenstein.





Parando varias veces para sacar fotos y sentarme en algún banquito a disfrutar la vista, me tomó una hora llegar a Sammelplatz, donde busqué la estación de tren, ahora sí, y lo tomé para volver a San Gall.









Ordené mis cosas y compartí una cena temprano (acá quizás era una cena re tarde!), con los chicos, antes de ir a la estación a tomar el Bus que me llevaría hasta Praga. 
"Está al lado de la estación de tren" me dijeron, no sólo las personas, sino que el boleto decía "next to the train station". Cuando llegué no podia encontrar el lugar, no había gente con valijas por ningún lado, ningún cartel, ningún bus, ninguna parada.  Me empecé a desperar, le pregunté a la gente que estaba por la zona, todos me decían algo diferente. 
Finalmente encontré a dos chicas que estaban con sus amigos, pero los despidieron para venir conmigo y ayudarme. Con Michelle y Martina, entonces, fuimos al lugar de donde salen los buses que van a otros países, ellas me afirmaron que era ahí, y el mapita de la web lo confirmaba, esperamos un rato, ya era tarde, el micro nunca apareció.
Martina decidió ir hacia le otro lado de la estación por las dudas, ahí encontro otro colectivo, y le consultó al conductor, él le dijo que habían cambiado la parada hacia ese lugar porque en el otro lado estaban haciendo remodelaciones. Nos llamó y se quedó ahí, a ver si veía el bus amarillo que era el mío, pero nada, y de nuestro lado tampoco.
Después de media hora nos juntamos con Martina. Yo me puse a llorar, no podía creer que había perdido el colectivo,era uno de los pasajes más caros que había pagado en todo mi viaje, y encima también perdia una noche de hostel, y un día  en Praga. Me sentía aplastada por la situación, y muy enojada de que en un lugar como Suiza, donde todo está siempre perfectamente señalizado, esto de la parada de Buses fuera tan irregular.
Las chicas me abrazaban y me decía que todo iba a estar bien, se quedaron conmigo, nos terminamos riendo. Lo llamaron a Jan y el vino a mi encuentro.
A penas llegó me pidio disculpas, diciendo que todo era culpa suya por no acompañarme.
Después de despedirme con mucho amor de mis dos ángeles de esa noche, volví con Jan a la casa, donde estaban todos los demás, haciendo la previa para ir a otro lugar donde tocaba Leroy. 
Me dieron un shot de algo así como fernet, horrible, y nos divertimos hablando mal de san gall y su falta de entendimiento de lo que una parada de colectivos debería ser. En eso, a Jan se ocurrió la frase "the stories you win when you loose some time", y la escribió para no olvidarla, para hacer alguna canción.
Yo mientras tanto decidía qué hacer, si comprar otro boleto para Praga, o ir para Berlin derecho...en eso los chicos se fueron al bar. Jan se quedó conmigo, mientras decidía si hacer la compra o no.
En eso, entró a su habitación y volvió a salir con cincuenta libras en las manos, y me las dió. Yo no quería aceptarlas, por supuesto que no era su culpa que yo perdiera el colectivo, pero me contó de dónde había salido esas libras:
Durante alguno de sus viajes,no recuerdo ahora dónde me dijo que estaba, conoció a un inglés que habia tenido problemas con sus tarjetas de crédito y no tenía plata. Como lo mismo siempe le pasa a él, lo ayudó, le prestó plata, y le dijo "no te preocupes, yo voy a ir a londres y ahí me la devolves", tiempo después los dos cumplieron sus palabras. Así había llegado a sus manos esas libras que ahora me daba a mi, y entonces, yo que ya estaba llorando de nuevo, le dije que cuando fuera que decida viajar a Buenos Aires, yo le iba a devolver el favor.
Después de comprar finalmente el pasaje. Nos fuimos a escuchar a Leroy.
Al día siguiente mientras desayunoalmorzábamos, hablado de los viajes, la vida, y las cosas locas que pasan, cambiamos la frase original por "the stories you win when you miss the bus".

Es cierto que terminé pasando más tiempo del que pensaba en San Gall, y que me quedó muy poco y todo apretado para ver Praga y Berlín. Pero es cierto que el amor y el cuidado que sentí en la diminuta ciudad de San Gall, donde todos sus jóvenes dicen que se aburren pero parece que la están pasando muy bien, no lo sentí en ningún otro lugar ni momento del viaje. Afirmar esa idea de que la gente es en general buena gente, de que está lleno de personas dispuestas a ayudarte, de desconocidos que te pueden dar justo ese abrazo que necesitás, o hacerte sonreír mientras llorás, subiéndose a un caballo de mentira, bajo la lluvia, vale todos los micros perdidos del mundo.

Y al final eso es viajar, estas emociones extremas, todas tan juntas. Llorar y reír, sentir la amistad que está dispuesto a darte alguien aunque sólo dure lo que tardás en perder un colectivo. Amar y odiar un lugar al mismo tiempo. 
Chau San Gall, aunque no me dejes, me voy.