Hasta ahora, Suiza es ridículamente lindo. Las montañas, los viñedos, las plantaciones de damascos y manzanos en flor.
Cuado
llegué al aeropuerto de Ginebra, cansada de recorrer casi todo el
centro de Roma en 4 horas y de tratar inútilmente de dormir en el avión
mas incómodo en el que estuve en mi vida, y me encontré con Jenny y su
hermano que me esperaban con globos y una bandera argentina, vi como la
promesa que ella me había hecho antes de viajar : "cuando vengas vas a ser mi
princesa", comenzaba a materializarse frente a mi.
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| así me recibió suiza |
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| suiza en una cajita: chocolates, victorinox, queso para fondue, una caja de seguridad con monedas de chocolate, un reloj. |
Desde ese
momento, estos días han sido una seguidilla de vino, queso, chocolate,
croissans, nutela y los lugares más de cuento en los que estuve nunca.
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| cena gourmet |
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| sólo un cajoncito en la casa de Jeny |
La
profesión de Jenny (hotelería), la vuelve la perfecta anfitriona, está
en todos los detalles, dobla las servilletas como si se tratara de arte.
Cada vez que me siento a la mesa me encuentro pensando que no podría
estar mejor ni un en hotel cinco estrellas.
Todavía no puedo
creer que esto es cierto, y que haberle dicho "hola, vení a Buenos
Aires" a esa sonriente chica suiza haya devenido en esta cadenas de
hechos que me trajo hasta acá, a este extraño universo paralelo donde
soy una princesa. Yo, una princesa, en Suiza (jua!)
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| un castillo, a un ratito de la casa de Jenny |
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