domingo, 19 de abril de 2015

malcriada

Hasta ahora, Suiza es ridículamente lindo. Las montañas, los viñedos, las plantaciones de damascos y manzanos en flor.
Cuado llegué al aeropuerto de Ginebra, cansada de recorrer casi todo el centro de Roma en 4 horas y de tratar inútilmente de dormir en el avión mas incómodo en el que estuve en mi vida, y me encontré con Jenny y su hermano que me esperaban con globos y una bandera argentina, vi como la promesa que ella me había hecho antes de viajar : "cuando vengas vas a ser mi princesa", comenzaba a materializarse frente a mi.
así me recibió suiza

suiza en una cajita: chocolates, victorinox, queso para fondue, una caja de seguridad con monedas de chocolate, un reloj.

Desde ese momento, estos días han sido una seguidilla de vino, queso, chocolate, croissans, nutela y los lugares más de cuento en los que estuve nunca.

cena gourmet

sólo un cajoncito en la casa de Jeny
La profesión de Jenny (hotelería), la vuelve la perfecta anfitriona, está en todos los detalles, dobla las servilletas como si se tratara de arte. Cada vez que me siento a la mesa me encuentro pensando que no podría estar mejor ni un en hotel cinco estrellas.
Todavía no puedo creer que esto es cierto, y que haberle dicho "hola, vení a Buenos Aires" a esa sonriente chica suiza haya devenido en esta cadenas de hechos que me trajo hasta acá, a este extraño universo paralelo donde soy una princesa. Yo, una princesa, en Suiza (jua!)
un castillo, a un ratito de la casa de Jenny

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