miércoles, 20 de mayo de 2015

buena compañía

Me levanté para ir al Free Walking Tour,  después de desayunar en un café del centro, fui hacia la plaza Rossio, el punto de partida.
Había un grupo como de doce personas, y una chica de remera roja, Leonor, nuestra guía. Lo primero que hizo fue preguntarnos de dónde éramos, para ese entonces yo ya me había dado cuenta de que tres de las chicas que estaban en el grupo eran Argentinas y me había acercado a ellas, estábamos charlando cuando empezamos a decir nuestras procedencias, fue muy gracioso que había gente de distintos lugares, pero éramos cuatro argentinas y cuatro alemanes (tres chicas y un chico) y justo estábamos unos enfrente de los otros, y ellos eran, por supuesto súper rubios  y nosotras, bueno, por supuesto que no.
La recorrida fue bonita, Leonor era muy simpática y nos dio muchos tips sobre la ciudad y nos contó sobre la historia, lo que no hicimos mucho fue ver nada en particular, sólo una iglesia con una historia bastante triste de la inquisición, y luego caminamos mientras ella hablaba.
iglesia con el techo rojo para rememorar la masacre durante la inquisición
 
Cuando el tour terminó, yo les había comentado a las chicas de mi idea de ir a Belén esa tarde, y después de que la guía nos dijera que era un buen plan, decidimos ir todas juntas, previo almuerzo rapidito en el centro y paso por el hostel de ellas a buscar el mate.
Como en realidad todavía era temprano quisimos hacer algo más en el centro de Lisboa antes de ir para Belén, nos decidimos por tomar el tranvía 28, que nos dijeron que es circular y recorre casi toda la ciudad. Es un tranvía normal, que la gente toma para ir a su trabajo, pero también, por su recorrido, es medio turístico y va siempre lleno de gente con cámaras. Nos subimos, como sardinas, y después de un rato se detuvo, y el chofer dijo que era el final del recorrido. Estábamos lejos del centro, en la puerta de un cementerio sin entender nada, nosotras y otros tantos turistas.
Así que ahí esperamos, hasta que vimos que el mismo conductor daba la vuelta a una rotondita y volvía a subir a la gente, cobrándole de nuevo. Nos enojó tanto que esperamos otro, al menos para no verle la cara al chofer.
con las hermanas Mizrahi
 
Nos subimos al siguiente, que hizo el camino inverso y nos dejó en el centro, decepcionadas, hay que decirlo, bastante calientes, sin entender qué era lo que habia pasado y por qué la gente recomienda ese paseo, empezamos a buscar la estación del tren para ir a Belen, que nos dijo Leonor que era más rápido que el tranvía.
Empezamos a preguntar por la calle y todos nos decían algo diferente, finalmente terminamos tomando el tranvía y en un rato estábamos en Belén, donde por supuesto queriamos ver la torre de Belén y comer los Pastelitos de Belén.
Estábamos de un lado de las vías del tren, y el río y la torre del otro, y no se podía cruzar, sabíamos que había unas escaleras subterráneas pero no las encontrábamos. Yo volví a hablar sobre lo poco amigable con el turista que me parecía Portugal hasta el momento. Preguntamos y de nuevo la gente nos decía cualquier cosa, por suerte, encontramos las escaleras por nuestros propios medios, que sí existían!

Parece que a los portugueses no les gusta que les hablen en español, porque tienen pica con España, y además porque muchos extranjeros lo hacen porque piensan que es el mismo idioma. Yo me dí cuenta de eso en los primeros días en Portugal, así que empecé a hablar en inglés y ya, después, Leonor, nos lo confirmó.
Sin embargo, por más que empezamos a manejarnos en inglés, o que antes de hablar en español (porque enfrentémoslo, para ellos es más fácil entenderlo!) avisábamos que éramos de Argentina y no de España, la actitud de la gente no cambió; la atención en Portugal es, en general, mala. Los empleados de comercio, los mozos, todos te atienden con mala cara, a veces ni siquiera sabés si te están atendiendo!!, no te miran, no te hablan, es muy incómodo. Eso, sumado a la falta de carteles que indiquen hacía dónde están las cosas, la gente en la calle te mandan para el lado que no es, y la falta de puntos de información en lugares clave, hacen de la experiencia turística una bastante compleja, pero no vamos a negarlo, si se está de buen humor, también puede ser divertido.
Y así fue para mí, divertido. Por qué? porque no estaba sola perdida, estaba con Nati, Mica y Xime, tres hermanas que después descrubrimos, son casi mis vecinas en Buenos Aires, con las que nos reímos mientras nos quejábamos de todo (como nos gusta hacer a los argentinos, hay que admitirlo).
En Belén, después de caminar bastante ya habíamos visto lo que había para ver, y nos fuimos en busca de los famosos pastelitos.


la torre de Belém
Foto con Belém

Encontramos los pastelitos!!!
 



Nueva versión de "mate con pastelitos"
Que son muy ricos, pero no diferentes de otros que probé en pastelerías no tan renombradas en el resto de Portugal, sin embargo, como el precio era casi el mismo, y la fila era muy corta, valió la pena, ya que es una de esas cosas que "hay que hacer" cuando estás ahí, y además eran los primeros pastelitos de nata de las chicas.
Como a veces nada tiene sentido, lo que hicimos desde ahí fue fijarnos cómo ir al Primark (un lugar de ropa barata), robando internet de un Mc donald's, y nos tomamos un bondi para ir (luego de nuevo, de varias indicaciones contradictorias, por suerte google maps siempre está para ayudarnos).
Llegamos al shopping colombo, y dimos rienda suelta a nuestro consumismo por cuarenta minutos. Yo no compré casi nada igual porque en esta parte del viaje mi valija es chica y ya está al límite de lo que se puede llevar en el avión.
Del Primark volvimos al centro donde tratamos de encontrar un lugar para escuchar Fado, el folclore de Portugal, pero todos los lugares donde había show estaban vacíos o con algunos viejos, parece que el fado es cosa de viejos, incluso en algunos locales estaban las señoras (muy señoras) que iban a cantar, en la puerta, casi mendigando público.
Nos dimos por vencidas con el fado y nos sentamos en un pasaje muy bonito a comer unas hamburguesas que estaban muy buenas.
Nos despedimos después de acordar encontrarnos al día siguiente en la plaza Rossio para tomar el tren que nos llevaría a Sintra. Como la casa donde me hospedaba estaba un poco lejos  y no sabía qué tan seguro era volver caminando, tomé el subte y en un momento estaba ahí, llegué cuando ya todos dormían.

el hermoso departamento de Pedro, donde me hospedé

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