domingo, 3 de mayo de 2015

un mal dia (o medio)

Me desperté temprano esperando tener un rato para recorrer sola la ciudad, cuando abrí los ojos Jenny estaba sentada en su cama y para no hacer ruido me mandó un Wahtsapp: "reservemos otra noche aquí", le contesté que sí y fuimos hasta la recepción a concretar la reserva. Después de pagar ella me dijo que quería volver a dormir y yo me alegré de poder pedir sola una de las bicis que el hostel ofrece y salir a andar por ahí. Extrañaba tanto pedalear. Lástima que la bici del hostel era la cosa más incómoda del mundo, con un manubrio de kilómetros de ancho que era insoportable de manejar, y sin destino claro empecé a bajarme de la bici tantas veces para ver cosas, que al final terminé caminando con la bici en mano. 
 En mi cabeza no dejaba de pensar que quizás había cometido un error al elegir ir con Jenny a Barcelona en lugar de irme sola a ver la hermosa biblioteca de Saint Gal, seguía mandando mensajes a Couchsurfers para ver si en algún otro lugar de España me hospedaban y nadie respondía, no sabía por dónde iba a continuar mi viaje, me iba a quedar sola cuando Jenny tuviera que volver a trabajar y tenía miedo de que las cosas no se deslizaran tan amablemente como todo hasta ese momento.
Me dio por extrañar mucho a Pablo, sintiendo que como él había estado viviendo en la ciudad, hubiera sido mejor recorrerla juntos, que me contara qué cosas habia hecho, a qué lugar era mejor ir, que anduviéramos en bicicleta juntos.
Lo que hice entonces fue ir a ver el barrio donde se había quedado cuando estuvo con Benche, en 2009 creo, viviendo en Barcelona. Un lugar lejos del centro, lejos de los turistas, lejos de la juventud hablando mil idiomas diferentes. El silencio de las calles me hizo sentir mucho mejor, mi cabeza estaba agotada de tantos dias de expresarme en otro idioma, pensé que en España eso iba a cambiar, pero alojadas en un hostel donde hay gente de todos lados, lo que menos hablábamos era español. Ese rincón de la ciudad me dio un respiro del mundo cosmopolita en el que me encontraba sumida desde hacía rato.
 
Cuando volvi al hostel encontré a Jenny y nos fuimos a caminar de nuevo, esta vez por la rambla. Pasamos por el mercado de St Josep en la boquería, comimos fruta muy rica y después nos fuimos a encontrar con otra amiga de Jenny, Joana.

Joana se estaba quedando en un hostel bastante alejado, con su novio que está trabajando en una panadería en la ciudad. Compartimos con ella la tarde y como es de Portugal, terminó de convencerme de que mi rumbo tiene que apuntar hacia allá, que es muy lindo, la gente amable, y sobre todo es chico y se puede recorrer mucho en algunos días nomás. 
Acordamos para ir juntas al Parc Guell a la mañana siguiente y volvimos al hostel donde nos esperaban con Sangría gratis y la promesa de una noche de PubCrowling a la que al principio no pensabamos ceder, pero obviamente terminamos cediendo.
Así fue que visitamos primero un bar mínusculo, que consistía basicamente en una barra y nada más, donde unos muchachos servían una variedad de chupitos casi infinita mientras prendían fuego todo cada vez que preparaban un trago. Tomamos uno que no sabemos qué tenía (las recetas son secretas), pero te dan un pincho con un malvavisco, prenden fuego todos los shot, tenés que derretir el malvavisco, luego meterlo dentro del líquido y de alguna forma comer y tomar al mismo tiempo. Interesante.
De ahí nos fuimos a otro pub, casi igual de pequeño pero con mesitas y sillas, muy acogedor, donde charlamos bastante, y aunque la noche seguía en una disco, nosotras renunciamos en esa etapa porque nos estábamos durmiendo sentadas. 
En el taxi mientras volvíamos me alegré de ver lo bien que había terminado un día que había empezado con tristeza para mi, me alegré de haberme dejado tener esa mala mañana, de permitirme estar un poco enojada, y de desenojarme después, abandonandome de nuevo a esa idea de que todo iba a salir bien, o mas o menos bien, pero que de alguna forma todo se iba a ir sucediendo como ese día, y finalmente acabaría con una buena experiencia.
De vuelta en el hostel bastó poner la cabeza en la almohada para quedarnos inconcientes.

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