Entonces, habiendo visto sólo algunas luces de la ciudad, y calles vacías, cuando llegué, después de una noche de sueño reparador (después de los ronquidos, cuando logré dormirme, no escuché nada más, y el colchón era muy cómodo!) llegó mi momento de conocer Porto.
Mi momento de decirle hola, hacernos amigos (Porto es un varón, poco importa que sea unA ciudad, es varón).
Salí a caminar antes de las nueve, todo estaba cerrado, el sol calentaba lo justo, el viento enfriaba lo justo, hermosa mañana de primavera.
Fui la primera en subir a la torre de los clérigos, de una iglesia, claro, que es la más alta de la ciudad (subir a cosas altas es ya como una especie de tradición), cuando bajaba las escaleras (muchos muchos escalones), pude ver a mucha gente subiendo, tuve suerte de llegar de temprano.
Después fui a buscar la librería Lello e Irmao. En teoría la mas linda de Europa, y célebre por ser un escenario de las pelis Harry Potter. Yo creo que es la escena cuando van a comprar los libros, pero no estoy segurisima, no se me ocurre otra opción tampoco.
Después fui a buscar la librería Lello e Irmao. En teoría la mas linda de Europa, y célebre por ser un escenario de las pelis Harry Potter. Yo creo que es la escena cuando van a comprar los libros, pero no estoy segurisima, no se me ocurre otra opción tampoco.
La verdad es muy linda, es cierto, la escalera es una locura pero hubiera imaginado que podía haber otras mas lindas en Europa, quizás no, la magia de está, después de todo, es que todavía está ahí. Esa magia igual sin dudas se pierde porque hay mil personas adentro, muchos españoles gritando en el caso de mi visita, por ejemplo, que le quitan la magia a lo que sea!
Lo que más me gustó fue que hay un carrito muy simpático para trasladar libros, que se puede mover por unos rieles que recorren la librería.
Me fui rápido porque la cantidad de gente era insoportable, desayune como dios manda (?), y seguí mi camino.
Porto es hermoso, basta un momento para amarlo. Fue el destino en el que menos tiempo estuve hasta ahora, y sin dudas uno de los que más me gustó.
Sus callecitas son increíbles, no recuerdo si miyazaki estuvo en Portugal, creo que si, pero sino, igual sus paisajes me hicieron pensar mucho en ghibli.
Es una ciudad llena de color, locales antiguos que son una joyita.
Amé Porto porque Porto ama las librerías y papelerías, los bazares y los adoquines, las terrazas llenas de verde y la ropa tendida.
Después de ver la estación sao vento, la catedral, admirar su ribera, cruzar el puente que hizo un aprendiz de eiffel, almorzar con la vista de sus construcciones desde enfrente, y volver a cruzar el puente por su parte mas alta, luego de atravesar un parque hermosísimo, no paraba de suspirar. Porto enamora.
Seguí perdiendome en sus callecitas camino al jardín del palacio de cristal, un parque algo más alejado, donde había muy poco gente, y además como es gigante y está lleno de recovecos, casi no ves a nadie. Es increíble, valió la pena todo lo que me costó subir, las vistas de la ciudad son preciosas.
Después de tener un momento animal planet con un pavo real, encaré la vuelta, porque quería llegar puntual a un encuentro de Couchsurfing que prometía ser muy bueno, perfecta manera de despedirme de la ciudad y de Portugal.
Llegué al hostel para descubrir que me habían robado, nada, porque lo de "valor" estaba guardado en el locket, pero se llevaron la bolsita en la que tenia unas botellitas muy bonitas de sinsinha que había comprado, junto con las pringles que me quedaban.
Me enojé mucho porque no da que te afane la gente nunca, pero menos en un hostel, y menos un recuerdito que pensaste si comprar o no como ocho veces antes de hacerlo.
No iba a dejar que eso me arruine el día así que salí para asistir a una reunión de Couchsurfing.
La juntada era en un bar cerca del hostel y me parecía una bonita manera de despedirme de Portugal.
La reunión iba a ser originalmente en una casa, y parece que venían armandola desde hace mucho tiempo, con bombos y platillos, finalmente parece que a último momento se dieron cuenta de que sería más gente de la que la casa podía soportar y mudaron en el encuentor al bar.
Cuando llegué al bar no vi a nadie que pudiera identificar, nadie con cara de "vine a una fiesta couchsurfer", así que pregunté en la barra y la gente del bar me miró con cara de que lo que yo estaba diciendo era la cosa más loca del mundo.
Al rato una chica se me acercó y me pregunto si estaba ahí por la reunión, le dije que sí y me invitó a sentarme con su amigo, eran Finlandeses y estaban en portugal de Erasmus, estudiando bellas artes. Al rato se nos unió un Portugués.
Después de esperar un rato largo nos empezamos a preguntar si seríamos sólo nosotros y decidimos chequear en la web; habia un aviso, la fiesta se había mudado oootra vez. Nos pareció muy poco serio, y después de una cerveza y un francés que se nos acopló, nos fuimos al nuevo punto de encuentro, una plaza donde de nuevo, no habia nadie.
Ya no sabíamos qué era lo que pasaba y empezamos a sospechar que era en realidad un evento falso y alguien estaba riéndose, muy cómodo en su sillón, mientras pensaba que había gente de aquí para allá, moviendose a su gusto, buscando una fiesta que nunca iba a ocurrir.
Nos encontramos con amigas de los Finlandeses, que iban a comprar al súper y terminamos todos en el departamento de una de ellas, donde estaban además de visita unos amigos de Eslovenia. Así fue que la veradaera reunión de couchsurfing terminó ocurriendo, sin mucho planeamiento, en una terraza con poquitas personas, mucha variedad de nacionalidad y sobre todo buena onda para sobrellevar el chasco.
Tempranito porque todavía tenía que acomodar un poco mis cosas y salir para el aeropuerto, me despedí de todos.
Así le dije adiós a Portugal, después de correr bastante por sus distintos paisajes, viendo mucho pero dejando mucho por conocer también.
Barcelona me esperaba de nuevo, mi valija graaande me esperaba de nuevo.
Se cumplía un mes de mi viaje, la mitad. De golpe me sentí nerviosa como si fuera el mismo día en que estaba saliendo de Buenos Aires. Barcelona me tranquilizaba, era mi Buenos Aires en medio de Europa, mi territorio conocido, donde había cosas esperándome, después de eso, todo era incógnita. Después de eso todo era aventura.
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