jueves, 7 de mayo de 2015

Toledo\máquina del tiempo

Después de despedirme de Felipe, que como embajador de bienvenida de Couchsurfing no pudo ser mejor y me hizo sentir que finalmente era posible viajar así, y quizás no sólo que era posible sino quizás y también preferible; tome un colectivo que me llevó desde las montañas y flores de Manzanares hasta la estación del metro "plaza de Castilla", donde tomé la línea azul hasta Batan, una estación a nivel (no bajo la tierra), de nuevo en algún lugar de Madrid, a pocos minutos del centro, donde había árboles por todos lados y un río.
en el camino, por supuesto, un castillo

y una estatua de un gato (?)
Ahí esperé, temerosa de que algún problema surgiera y no pudiera enterarme ya que no había ninguna conexión WiFi a la que pudiera acceder; a Cristian, mi primer blablacar. 
No hubo ningún problema y Cristian llegó a la hora acordada, hora a la que también llegaron el resto de los pasajeros que iba a llevar: una chica mejicana y un chico chileno. Fuimos hablando cada uno de nuestros viajes: Cristian iba hasta Toledo todos los días a la universidad, y siempre que podía llevaba a alguien, Maphi, mejicana había llegado el día anterior a Madrid y estaba de mochilera por un mes en Europa, el chico mejicano hacía un año que había vendido todo y estaba viajando, nos contó de su paso por Rusia (en noviembre!!!) y de sus planes de recorrer Escocia en moto.
En el camino se sumó otra pasajera, Raquel, que es su compañera de la facultad y a veces le pide que la lleve. Así, amuchados llegamos a Toledo.
hola toledo

Maphi y yo decidimos buscar juntas un lugar para dejar nuestro equipaje y poder recorrer, así lo hicimos y a penar empezamos a caminar el hambre le ganó las ganas de caminar y nos sentamos en la plaza Zocodover, del centro de Toledo, y nos compartimos un almuerzo rico de diversas maneras. Así me enteré de que Tamara tiene diecinueve años, que estudia filosofía y letras, y que lo que más le gusta es escribir ensayos; la universidad le dio un mes mas de vacaciones por tener buen promedio y trabajó de camarera y además pidió un préstamo para poder hacer el viaje.
almuerzo en compañia
Nos despedimos en la plaza porque yo todavía tenía que buscar mi valija e ir a l estación de trenes donde me encontraría con Viki, que iba a hospedarme por esa noche. Todo ese recorrido me tomó veinte minutos porque aunque el mapita de la oficina de turismo engaña, la ciudad es muy chiquita.
Viki vive casi enfrente de la estación, cruzando el río, en una casa llena de luz y colores, con gata y todo. Ella es intérprete de lengua de señas y hospeda Couchsurfers casi todos los días! y ademas colecciona principitos!



Nos quedamos charlando hasta que tuvo que hacer una llamada de trabajo y yo aproveché para volver a ir al centro a caminar.
Rodeé la muralla, eran las seis de la tarde y ya la mayoría de los turistas se habían ido, caminé por calles vacías, me sentí en otra época. Las piedras, las callecitas de ochenta centímetros de ancho, el silencio interrumpido por el canto de los pájaros, estaba de golpe en alguna de todas esas series medievales que me la pasé mirando el año pasado.





Fui hasta la biblioteca, en el ultimo piso hay un café y desde sus ventanas se puede ver todo el pueblo. Mientras bajaba, después de un croissant gigante, decidí investigar la biblioteca y terminé oyendo una disertación sobre un protomédico pseudocélebre nativo de la zona de la mancha, enviado a las indias (América, claro está). Llegué engañada porque el cartel decía "descubrimientos sobre el naturalista Francisco Hernandez enviado a las Indias" y pensé que iban a hablar sobre su viaje y las plantas y criaturas que encontró, pero en realidad era una exposición con más dudas que certezas sobre cuál era su fecha real de nacimiento y muerte, y quienes eran sus familiares. Así que ahi estuve una hora escuchando los posibles arboles genealógicos del señor Francisco Hernandez, que resulta que capaz ni se llamaba asi. Podría haberme retirado durante la charla, pero la situación era tan ridícula que no podía dejar de fascinarme.

Por suerte oscurece como a las nueve acá, así que cuando salí todavía había luz y tiempo pata seguir disfrutando de los recovecos. En uno de ellos me encontré con Cadim, un traductor de varios idiomas, estudiando español actualmente, que nunca entendí de donde era, pero me llevó por la laberíntica ciudad a observar algunas de las mejores vistas y detalles. Después también me ayudó a sortear todas las volteretas que dan las callecitas, para encontrar el camino mas rápido de vuelta a lo de Viki.

La Catedral
Estando a una cuadra, no podía darme cuenta cúal era la puerta del edificio y empecé a desesperarme porque había quedado en llegar a una hora y estaba ahí, tan cerca, pero perdida. Por suerte logre encontrar una conexión de WiFi y le avisé a Viki que salió a mi encuentro. Juntas nos fuimos a su clase de ninjutsu porque claro, no había sido lo suficientemente bizarro mi día hasta el momento!


Después de ver a Viki y a sus compañeros volar por los aires en múltiples ocasiones, volvimos, a cenar con Sergio, que es un amigo de ella que está viviendo temporalmente en su casa, que nos preparó la cena. 
De sobremesa estaban editando un vídeo de alumnos de Viki, recitando poemas en lengua de señas, después de ver el resultado final, mientras esperaban que se renderizada el archivo, me fui a dormir.
Con el día extrañísimo que había tenido, todo sobre mi cuerpo, llenándome de cansancio pero también de sonrisas, lugares, charlas y más y más ganas de seguir.

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